Antes de incorporar nueva tecnología de ciberseguridad, hacete estas 5 preguntas
El mercado de ciberseguridad ofrece una cantidad enorme de tecnologías capaces de resolver problemas cada vez más específicos.
Y eso es una buena noticia.
Pero también hace que elegir sea más difícil.
Una nueva plataforma puede tener funcionalidades atractivas, incorporar tecnologías innovadoras y resolver problemas que efectivamente existen. Sin embargo, ninguna de esas características garantiza por sí sola que sea la solución adecuada para nuestra organización.
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Antes de incorporar una nueva herramienta al ecosistema de seguridad, vale la pena hacerse cinco preguntas.
1. ¿Qué riesgo concreto queremos reducir?
Parece obvio, pero no siempre lo es.
El punto de partida no debería ser la tecnología, sino el problema.
¿Queremos reducir el riesgo asociado al comportamiento de las personas?
¿Evitar fugas de información?
¿Conocer mejor nuestra superficie de ataque?
¿Validar vulnerabilidades?
¿Fortalecer identidades y accesos?
¿Mejorar nuestra capacidad de detección y respuesta?
¿Automatizar la generación de evidencia para compliance?
Cada uno representa un desafío distinto y existen tecnologías diseñadas específicamente para abordarlos.
Definir claramente el riesgo permite establecer también qué esperamos obtener de la inversión.
2. ¿Ya tenemos alguna tecnología cubriendo esta necesidad?
Antes de sumar una nueva solución conviene mirar hacia adentro.
A medida que un ecosistema tecnológico crece, también aumenta la posibilidad de incorporar capacidades superpuestas.
Quizás una plataforma que ya tenemos ofrece una funcionalidad que no estamos utilizando. Tal vez dos herramientas generan información similar. O posiblemente exista una brecha real que todavía no está cubierta.
El objetivo debería ser construir una arquitectura coherente, no una colección de productos.
Por eso, antes de comprar, resulta útil mapear qué capacidades existen actualmente y qué riesgo cubre cada una.
3. ¿Cómo se integra con nuestro ecosistema actual?
Una herramienta no opera en el vacío.
Debe convivir con identidades, endpoints, aplicaciones, infraestructura cloud, fuentes de información, procesos internos y otras soluciones de seguridad.
Por eso, además de preguntar qué hace una tecnología, deberíamos preguntarnos:
¿Cómo va a funcionar dentro de nuestro entorno?
Una buena integración puede aportar contexto, automatizar procesos y reducir tiempos de respuesta.
Una mala integración puede generar más silos, alertas y tareas manuales para equipos que probablemente ya estén sobrecargados.
La calidad de una tecnología también se mide por qué tan bien puede formar parte del ecosistema que ya tenemos.
4. ¿Cómo vamos a saber si realmente funciona?
Toda inversión en ciberseguridad debería estar asociada a un resultado esperado.
No necesariamente financiero en forma directa, pero sí medible.
Si incorporamos una plataforma de concientización, podemos querer observar cambios de comportamiento.
Si implementamos una capacidad de protección de datos, buscamos reducir determinadas exposiciones.
Si trabajamos sobre vulnerabilidades, necesitamos priorizar mejor la remediación.
Si fortalecemos detección y respuesta, podemos buscar reducir el tiempo de reacción frente a una amenaza.
Incluso existen capacidades que permiten traducir el riesgo cibernético a impacto financiero, facilitando la toma de decisiones entre CISO, CFO y dirección.
La pregunta, entonces, es sencilla:
¿Qué debería mejorar después de implementar esta tecnología?
Si no podemos responderla, será difícil demostrar su valor.
5. ¿Tenemos capacidad para operarla?
La mejor tecnología puede generar poco valor si nadie tiene tiempo, conocimiento o recursos para utilizarla correctamente.
Toda nueva solución requiere algún grado de operación:
configuración, mantenimiento, análisis de información, gestión de alertas, integración con procesos o seguimiento de resultados.
Por eso, evaluar tecnología también implica evaluar nuestras propias capacidades.
¿Quién será responsable?
¿Cuánto tiempo demandará?
¿Qué conocimientos necesita?
¿Qué procesos habrá que modificar?
¿Podemos operarla internamente o necesitaremos acompañamiento?
El costo real de una tecnología no termina en la licencia. También incluye la capacidad necesaria para convertirla en resultados.
Y una sexta pregunta: ¿la probamos?
Hay aspectos que una ficha técnica, un brochure o una presentación comercial difícilmente puedan responder.
¿Cómo se ve la información?
¿Cómo funciona realmente el flujo de trabajo?
¿Qué tan sencillo resulta utilizarla?
¿Qué información aporta para tomar decisiones?
¿Podemos imaginarla funcionando en nuestra organización?
Para responder esas preguntas hay que verla en acción.
Y justamente esa es la propuesta de nuestro próximo Demo Day.
Diseñamos un recorrido para que puedas probar en vivo distintas plataformas orientadas a diferentes capas de la ciberseguridad, desde las personas y los datos hasta la superficie de ataque, identidades, detección y evidencia de cumplimiento.
Porque elegir tecnología no debería consistir solamente en comparar funcionalidades.
Debería consistir en comprender qué riesgo queremos reducir, qué capacidad necesitamos y comprobar cómo la tecnología puede ayudarnos a conseguirlo.
No te contamos solamente cómo funciona. Te invitamos a probarlo.
Participá de nuestro próximo Demo Day y experimentá distintas tecnologías de ciberseguridad en vivo para descubrir cuáles pueden aportar valor a tu estrategia.
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